Recomendaciones africanas preveraniegas

En las últimas semanas se han acumulado en nuestro escritorio noticias, actividades y lecturas que queremos compartir vosotros antes de que sea demasiado tarde. Vamos a ello.

Todavía estáis a tiempo de acercaros al Festival de Cine Africano FCAT 2016 que este año tiene doble sede, así que tenéis el doble de posibilidades de ver buen cine africano: en Tánger, hasta el 3 de junio, y en Tarifa, hasta el día 4. En la web del festival podéis consultar la programación y también las actividades paralelas que han organizado. Este año nos hemos quedado con las ganas de ir, pero intentaremos reservar unos días el año que viene para disfrutar del mar y del cine.

Saltamos a Las Palmas de Gran Canaria: Casa África ha convocado la cuarta edición de Purorrelato, su concurso de microrrelatos que tiene por objetivo incentivar la creación literaria que nos anime a sentir y pensar sobre África y a seguir mostrando distintas realidades que nos acerquen al continente, alejadas de los estereotipos que durante tanto tiempo lo han marcado. Podéis presentar vuestros microrrelatos inéditos y vinculados con África en español, inglés, francés o portugués con una extensión máxima de 1400 caracteres. El plazo termina el 1 de julio y en esta página encontraréis el formulario para presentar vuestra micropropuesta.

Seguimos con Casa África, que también ha lanzado octava convocatoria de sus Premios de Ensayo. El tema elegido para esta convocatoria 2016 es el papel de la mujer en África y pretende poner en valor la labor fundamental de la mujer africana en todos los contextos: economía, tecnología, cultura, política, construcción de paz y resolución de conflictos, agricultura, sanidad, educación, deporte… El papel de las mujeres africanas ha pasado de puntillas por los libros de Historia así que este premio contribuirá a darles la visibilidad que les corresponde. El plazo termina el 31 de julio y en esta página podéis descargaros las bases.

Dejamos los concursos y nos vamos a la formación. Wiriko ha convocado la cuarta edición del curso de Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sáhara, que comenzará el 12 de septiembre y consta de cuatro bloques temáticos: cine, literatura, música y artes visuales. El curso es virtual, así que es fácil organizarse el tiempo en función de la disponibilidad de cada uno. Un imprescindible que siempre recomendamos.

Y dejamos para el final una recomendación de lectura: Imaginar África. Los estereotipos occidentales sobre África y los africanos, de Antoni Castel y José Carlos Sendín (eds.). El ensayo, editado por Casa África y Libros de la Catarata, recopila artículos de nueve africanistas sobre la desinformación sobre lo africano, los menores y las literaturas ecuatoguineanas, por recuperar tres de los textos. Publicado en 2009, pero de plena actualidad, algunos pasajes me han dejado perpleja, otros han vuelto a meter el dedo en la llaga del paternalismo insoportable con el que actuamos desde Occidente.

En el capítulo «De la apropiación simbólica a la apropiación real: los menores subsaharianos en el discurso humanitarista occidental», Lola López analiza la imagen que este discurso ofrece sobre la infancia africana y los efectos que esta imagen puede tener. La reflexión hace daño, por acertada y necesaria, lo que significa que hay que leerla.

Se procede a negar a los adultos africanos toda capacidad de defensa y cuidado de sus propios niños. Los mayores africanos son invisibilizados: desaparecen del imaginario occidental; si permanecen en él es solo como protagonistas de conflictos. Paralelamente, se procede a una victimización de los niños africanos, que se presentan como abandonados a su destino. De esta forma, se consolida la apropiación simbólica de los menores en África. […] La aprobación simbólica de los niños africanos es solo el paso anterior a su apropiación real, permite legitimarla.

Y sobre esta apropiación real (o su intento), escribe Donato Ndongo en el capítulo «Acerca de los estereotipos sobre África»:

Tampoco me resisto a contar otra anécdota, también muy real, que, a mi juicio, ilustra con claridad la percepción que los españoles —y los europeos en general— tienen hoy de los africanos. Una mañana de verano de no hace mucho, paseaba con mi familia en la ciudad de León, en compañía de una amiga española, profesora en la universidad. Mi esposa entró en una farmacia, y nos quedamos en la acera mi hijo, nuestra amiga y yo. Se paró junto a nosotros una buena señora, de mediana edad, bien arreglada y perfumada; se paró junto a nosotros, nos miró con simpatía y empezó a acariciar la cabeza del niño, que entonces tendría cinco o seis años, mientras exclamaba: «¡Qué guapo es! ¡Qué bonito es!». No es pasión de padre, pero en verdad mi hijo es muy guapo, de modo que no nos extrañó, pues ya lo sabíamos, y hasta el niño estaba acostumbrado a oír y padecer estos arrebatos. Lo que nos dejó perplejos fueron las palabras que pronunció a continuación la mujer, mirándonos con seguridad, sin atisbo de vacilación: «Quiero adoptarle». No supe qué decir de lo anonadado que estaba, pero mi amiga sí reaccionó, y le espetó con sequedad a su paisana que «este niño tiene un padre, aquí presente, y una madre, que está ahí dentro, y no están dispuestos a darle en adopción». La señora se retiró, bastante azorada.

¿Sin palabras? Pues a leer.

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